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La Ilusión del Control

equipos liderazgo Mar 27, 2021

Rodrigo Del Campo.

Para nadie es una sorpresa que la experiencia de trabajar no suele ser la experiencia más positiva en la vida de la mayoría de las personas.

Simplemente, muchas personas lo pasan mal en el trabajo, ya sea que estén presencialmente en sus lugares de trabajo o trabajando de forma remota.

Y esto no solo es verdad para los trabajadores operacionales u obreros. También lo es para los profesionales e, incluso, muchos gerentes y ejecutivos.

Las investigaciones muestran que, por lejos, una de las fuentes de mayor stress en la vida de las personas es la relación con su jefe, independientemente del nivel organizacional en el que uno se encuentre.

En mi opinión y experiencia, el origen de muchos de los problemas está en que la relación jefe-subordinado suele estar basada en la necesidad del control. En saber qué está haciendo cada uno de los subordinados en cada momento, como una forma de estimar los resultados que generará y qué tan productivo está siendo.

Esta necesidad está implícita en la definición clásica del rol del supervisor, que indica que un buen supervisor tiene que ser capaz de responder 7 preguntas muy concretas:

  1. ¿Cuánta gente tengo a mi cargo?
  2. ¿Cuántos llegaron a trabajar hoy?
  3. ¿Dónde está cada persona?
  4. ¿Qué está haciendo?
  5. ¿Cuándo empezó esa tarea?
  6. ¿Cuándo debe terminarla?
  7. ¿Qué va a hacer después?

En ese entendimiento de la supervisión, como dice la definición clásica de la administración, el jefe "planifica, organiza, dirige y controla" el trabajo. Los subordinados lo ejecutan.

El problema es que, esas preguntas, a medida que uno sube por la estructura organizacional y que el trabajo se hace cada vez más intelectual y menos físico, se hacen cada vez más difíciles de responder.

A tal punto que si un Gerente General o CEO está preocupado de cuánta gente llegó a trabajar hoy o qué está haciendo cada uno de los colaboradores, no va a realizar una contribución muy significativa ni, mucho menos, estratégica.

Cuando el trabajo es más intelectual, tenemos que aceptar que el control es una ilusión, incluso con las personas que están trabajando presencialmente.

Por ello, cada vez más se hace evidente la necesidad de involucrar a los subordinados en la planificación y organización del trabajo, así como estimular los métodos probados y comprobados de autodirección y autocontrol.

No para que las personas estén más felices, sino porque está comprobado que genera mejores resultados.

Los líderes más efectivos hoy en día, incluso en los niveles más operacionales entienden que el control es una ilusión y una ilusión muy peligrosa y costosa, que no tiene más asidero que las ansiedades de los jefes y las de sus respectivos jefes.

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